La invasión

lady and monster

—¡Ellen! Lo has entendido todo mal, podemos hablarlo, ¿vale, cariño? Vamos, abre la puerta, nena.

—¡Sal de aquí David! O como sea que te llames de verdad…Oh, no me puedo creer que me esté pasando esto. ¡Sal de aquí o gritaré!

—Ellen…Pequeña, no me hagas esto. De acuerdo, lo reconozco, te mentí, ¿vale?

—¡Ya no me vale! ¿A qué habéis venido, David? ¿Venís a…a….a invadirnos, verdad? ¡Yo tan sólo era una excusa, un maldito pasatiempo para ti! ¡Te maldigo, David! ¡Dime la verdad, o calla para siempre!

El enorme extraterrestre soltó un suspiro al otro lado de la ventana.

—Está bien, maldita sea joder, sí.  La Tierra está en nuestras manos ahora mismo. Tú…Tú no eras ningún pasatiempo, nena, pero los tiempos han cambiado. Esto…tómalo como una guerra nuclear, ¿vale, preciosa? Ven conmigo, Ellen, no te arrepentirás, te lo digo en serio. Seguiré siendo tu dulce Davie. Te lo prometo.

Ellen se seca las lágrimas con una mano y mira de reojo a la gigantesca criatura.

—Si salgo ahí fuera contigo, ¿seguirás teniendo ese aspecto tan repugnante? Yo quiero a mi Davie de siempre.

—Seré lo que tú quieras, nena. Vamos, sal ya antes de que el mundo se nos derrumbe encima.— El monstruo se relame los gruesos labios cuando Ellen no lo ve. —Te quiero toda para mí.

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