Marinero

marinero

Acariciaba muy despacio con los ásperos dedos las viejas fotografías de su abuelo, tumbada en su sofá de terciopelo rojo, sofá que él le había traído del otro lado del charco, hecho especialmente para ella, con un gin tonic queriendo escabullirse de sus nerviosas manos. Sus amargas lágrimas caían en las fotografías, gota a gota, rociando de mar salado a los cuatro marinos que sonreían felices a la cámara.

Allí estaba su abuelo, un hombre de mirada misteriosa y penetrante, el más alto y más guapo, eclipsando con su grandeza a todos los demás, mostrando una pícara sonrisa que rozaba la perfección, y esos ojos grises llenos de profundidad, cuyo color no se apreciaba en la foto pero que ella sabía de sobra que los había heredado de él. Él le sonreía y ella le devolvió la sonrisa, secándose las lágrimas con una mano. Su vida entera se había ido al garete y sólo le quedaban los recuerdos de esa otra vida, de una que no había sido suya en absoluto.

Recordó las terribles y excitantes historias que tanto le gustaba contar a su abuelo, las mismas que habían estado haciéndole compañía durante incontables horas a lo largo de su dulce infancia, oh sí, ahora lo sabía, podía afirmarlo con toda certeza… La época más feliz de su vida. Tantas noches sin dormir, enterrando su pequeña cabecita llena de historias bajo la almohada, temerosa y a la misma vez emocionada por la inminente llegada de los terribles monstruos marinos de los que tanto le gustaba hablar…Y entonces aparecía su abuelo, con esa mezcla de olores a habano y a ginebra tan propios de él, y le hacía cosquillas en los pies, mientras simulaba los grotescos sonidos de algún ser primigenio, proveniente de las profunidades del mar. Y ella gritaba y reía, mientras se abrazaba a su robusto cuello con fuerza, acariciando su rugosa piel, sus nobles manos curtidas por el mar y le susurraba al oído, “No me dejes nunca, marinero, llévame contigo a la deriva, quiero descubrir inéditos tesoros, luchar contra los malvados hombres de Davy Jones, escuchar los atrayentes cantos de sirenas, bajo el mar…Contigo, marinero, ¡llévame contigo!”

Él reía y reía sin parar, hasta salírsele lágrimas por sus viejos ojos, y la besaba con dulzura en su rosada mejilla de niña traviesa, mientras la miraba con complicidad y se lo prometía sin decir una sola palabra, estaba escrito bajo el gris de sus ojos, donde había quedado la promesa grabada para siempre, y ella le creyó, hasta el día de su muerte, casi ocho años después, mientras se despedía de él con las ojos secos de tanto llorar y el corazón hecho pedacitos, mientras pasaba la mano por el robusto ataúd, pensando con rabia que él se merecía más, mucho más que aquella maldita caja de madera, que definitivamente no era lugar para él, no era lugar para su marinero, para su espíritu libre que debió perecer para siempre en alta mar. Desde el mismo instante que su mano dejó de rozar el frío ataúd de roble su corazón quedó congelado, y su frialdad sacó las garras y arañó a su familia, alejándola de allí para siempre . ¿Cómo iba a ser de otra manera sino? ¿Cómo iba a perdonarles aquel odioso funeral, aquella vomitiva pomposidad, cuando ni siquiera cumplieron con su voluntad de no ser enterrado jamás? “Yo no sirvo para darles de comer a los gusanos, niña” le decía, cuando estaba lo suficientemente borracho para sincerarse sin que su estricta mujer estuviese encima de él, gritándole frases que ninguno de los dos lograban comprender, “Quiero que mis cenizas viajen por las aguas del Pacífico, y que un calamar gigante se encargue de difundir mis restos, oh, ese sería mi mayor sueño, bichito, no sabes cuánto lo anhelo, cuánto añoro el sabor el mar, su olor a muerte y a libertad. ¿Te encargarás de hacerlo por mí? ¿Cuando sea muy, muy, muy viejo y tenga que morir?”  la miraba, con las aguas turbias bañando sus ojos y luego su mirada cambiaba para dar lugar a una expresión llena de amor,  mostrándole a la vez su sonrisa más misteriosa, mientras le decía “Estoy muy orgulloso de tí, bichito”.

Nada fue bien desde entonces, y ella lo aceptó sin rechistar. Aceptó que su destino estaba escrito, que sin él, regalándole rayitos de luz día a día, ya no iba a levantarse jamás. Él era el único apoyo que había tenido desde que tenía uso de la razón. Tuvo que soportar el devastador rechazo que recibía del resto del mundo, por ser diferente, por tener esas “ideas locas en la cabeza” que, sin embargo, tanto gustaban a su abuelo. Suspiró, mientras giraba distraídamente la copa de gin tonic, derramando poco a poco su contenido en la vieja alfombra árabe, otro de sus preciados regalos.

Muy despacio, tambaleándose con elegancia, se levantó. Los viejos recuerdos llenaron su turbia mente de ilusión; el alcohol le dio el valor. Se dirigió a los grandes ventanales, cuyas cortinas danzaban un baile tenebroso con el viento, y sin más miramientos, dio un paso a ciegas, otro más y cayó al vacío.

Escuchó los chillidos de la ambulancia a lo lejos con cierta distorsión, que para ella fueron cantos de sirena. Saboreó la metálica sangre en su boca y sonrió, dejando una perfecta dentadura teñida de rojo a la vista de los asustados transeúntes que correteaban como gallinas a su alrededor. Sintió el aleteo de una gaviota no demasiado lejos de su inutilizado cuerpo. De pronto, una súbita sensación comenzó a ascender por su garganta. Su cuerpo se agitaba con violencia, hasta terminar en un estallido de repentinas carcajadas, las carcajadas más sinceras de toda su vida. Seguía gritando, histérica, con lágrimas de agradecimiento en los ojos y las manos en el corazón, agarrando con los ensangrentados dedos su colgante en forma de brújula, descubriendo, fascinada, que aún podía moverse, mientras los paramédicos luchaban con ella para llevársela en la camilla, “¡Estoy viva!, ¡estoy viva!..”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s